Semblanza

La obra de cualquier artista es parte de su vida, de sus preocupaciones, inquietudes, nostalgias e ilusiones. En el caso de la pintura de Pepe Cañete, lo es aún más. Nacido en Baena –Córdoba- , ya desde sus primeros años se sintió atraído por las sensaciones y los valores expresivos del arte. A la vez que realizaba sus estudios, iba indagando y experimentando en las diversas técnicas artísticas. Siendo estudiante de bachillerato pudo ya, con mayor facilidad y conciencia, experimentar en la variedad de técnicas, consiguiendo una mayor identidad personal en su pintura. A ello iba uniéndose la satisfacción y estímulo de obtener algunos premios en exposiciones. Realizó estudios de Magisterio y se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Córdoba. Su proyección laboral la viene realizando en la Educación de Adultos, estando destinado en la actualidad en el IES Averroes de Córdoba.

Preocupación

Tras un periodo de autoformación, entre 1873 y 1978 transita por un corto camino en el que se siente motivado por preocupaciones sociales y existenciales. Asuntos que, por otra parte, son propios del altruismo de su joven edad y de las circunstancias sociales y culturales de la segunda mitad de los setenta en España. La soledad, el hombre ante su existencia y las preocupaciones en las que se ve sumergido, son los polos de un lenguaje plástico en el que deambula buscando su propio yo, tanto personal como artístico.

Desde un punto de vista iconográfico, la figura humana se convierte en el elemento plástico por excelencia de su pintura. Una figura que, en cierta manera, pretende manifestar con cierta elocuencia plástica el propio pensamiento del artista. Un pensamiento inquieto, sensible y atento a sus propias ansiedades y preocupaciones existenciales.

A pesar de lo anterior, en su obra aún se aprecia la indefinición de sus intereses que propiciarán la formación de un coherente y personal estilo. Los preocupantes temas gozan de una excesiva fuerza, lo que unido a una técnica aún oscilante y experimental, determina una producción escasamente homogénea y sin unidad en los diferentes componentes creativos. Los rasgos que posteriormente definirán su estilo, ya en madurez, aún no han emergido, si bien sus figuras son ya atisbos de su preocupación por el ser humano. Una preocupación que estará presente de manera constante y que, en su presente exposición Mujer y Paisaje, emergen de manera contundente, aunque polarizada en la mujer y su sugerente atractivo para el artista. Los propios títulos de algunas obras de este periodo son suficientemente elocuentes de las preocupaciones del joven pintor: Meditación, contemplación …(1976), La Tercera Edad (1977) o Paparía (1978).

Desde un punto de vista técnico no se aprecia homogeneidad. Básicamente es un reflejo de un periodo de inquieta autoformación, en la que la experimentación y la búsqueda son los dos caracteres que lo identifican. De esta manera, cada obra es un experimento, contundente y claro en su contenido, pero a la vez impreciso y titubeante en su técnica, no tanto en su uso como en la falta de identidad que el autor manifiesta en su empleo. Aún así, es un periodo interesante para conocer el artista y limpio en cuanto a que el autor se aleja de tendencias y demandas de las pasajeras modas artísticas, buscando su propia pintura; una pintura que la encuentra en el hombre, un ser en su más cruda humanidad, lleno de angustia y carencias. Con ello pretende, en cierta forma, enfrentarse a una sociedad que mancilla y margina al hombre sumergiéndole en la soledad, el desarraigo y la amargura.

El color, como elemento plástico de gran valor, contribuye a este lenguaje de denuncia. Son colores oscuros, fríos y sobrios. Los ocres y azules sirven a esta intención plástica, creando un lenguaje estético en el que las figuras se alargan, y los esqueletos hacen su presencia, para crear una expresión llena de dramatismo, tristeza y denuncia. Las técnicas más empleadas son óleo y ceras, además de algunas sanguinas, pasteles y carbón.

Toda la producción de este periodo es fruto de una vivencia filosófica, de una postura ante la existencia y su dimensión social y cultural. El artista no sólo es testigo de la realidad, sino que se implica en un comportamiento de compromiso social a través de su pintura. No sólo se trata de una denuncia sino también de una llamada de atención buscando la complicidad del espectador en esta actitud de concienciación y compromiso.

Intimidad

A partir de 1978 y hasta 1984, Pepe Cañete inicia un segundo periodo en el que comienza su pintura a interesarse por el interior humano: instintos, sentimientos, emociones, … Da un giro a los temas y también a su estilo plástico a través de los colores, de las técnicas y de su desarrollo.

En el primer periodo reflexionó sobre la deshumanización del hombre; sobre los problemas existenciales que le maltratan y le alienan. Esa actitud de contemplación comprometida le lleva a mirar hacia el interior del propio ser humano buscando, tal vez, el origen de tanta deshumanización. Él elude enfrentarse a la sociedad, al sistema como causante de la de esta dramática situación. Al fin y al cabo, todo es fruto de los comportamientos humanos, y es en ellos en los que debemos buscar el origen de la deshumanización. Así, en este segundo periodo se centra su preocupación en el análisis del interior humano. Allí descubre, tanto los instintos, como las incontenibles tendencias que condicionan al hombre, como esos otros vínculos personales con la existencia: los instintos y las emociones.

En este descubrir la intimidad humana, opta por emplear unas figuras estilizadas, sinuosas y geométricas; las cuales pretenden ser como un lenguaje sugerente y resbaladizo, pero a la vez evidente. Para ello utiliza colores fuertes, vivos e incluso agresivos, que contribuyen a expresar la vitalidad y trascendencia de la intimidad del ser humano. Entre las obras de este segundo periodo podemos destacar Maternidad y Huir y escapar. En este periodo también se produce la aparición de temas marinos, fruto de sus vivencias en Cádiz.

Desde el punto de vista técnico se da una tendencia casi homogénea, tanto en el empleo del óleo, como en el desarrollo de las figuras; éstas se estilizan en formas sinuosas que parecen emerger de la profundidad del pensamiento para mostrase entre la fuerza de su color y la evanescencia en la conciencia.

Expresión

Hacia 1984, y como evolución de las etapas anteriores, comienza a desarrollar un tipo de pintura que el artista denomina “Serie Universo”. Se trata de una nueva forma expresiva en la que confluyen el expresionismo, la abstracción y el figurativismo, a través de formulas técnico expresivas en las que predominan los colores planos, los trazos sinuosos y el puntillismo.

Se trata de la creación de unas escenografías plásticas que, en algunos casos, suponen una cosmovisión personal, en la que integra su sentir filosófico y psicológico. Dentro de esta serie están obras como Serie Universo nº 1 (1985), de marcado expresionismo, y Serie Universo nº 2 (1986), verdadera escenografía que conjuga el surrealismo y la abstracción. En esta serie las técnicas empleadas son básicamente el óleo, la acuarela y la tinta. En cuanto al color, en general es utilizado como elemento expresivo, por lo que son abundantes los colores fuertes.

Entorno

En la primera mitad de la década de los noventa, Pepe Cañete se sumerge en una línea creativa que rompe con todo lo anterior, al menos aparentemente en cuanto a la formalidad expresada. Él es, ante todo, un creador que se mueve por una incesante inquietud. Unida ésta a su deseo continuo de experimentar en los motivos plásticos, no es extraño que ahora nos sorprenda con una producción que, al menos en lo formal se distancia de sus obras anteriores.

Este conjunto de obras lo titula “Serie Cairuán”. El nombre no es casual ni rebuscado, es simplemente reflejo de sus inquietudes plásticas de ese momento, las cuales encuentran en el entorno próximo en el que tiene su estudio, la calle Cairuán, el atractivo formal que centra su atención.

Si en periodos anteriores su interés transitó por la conciencia social, el intimismo o la cosmovisión, ahora, ya en una mayor madurez artística, su atención se centra más en el entorno próximo. Intenta alejarse de ideas y conceptos abstractos y demasiado evanescentes para sentirse atraído por los valores plásticos de la realidad material que le rodea, verdadero escenario de una vida a la que el realismo material cotidiano le aporta satisfacción. Por eso, aquello que él ve desde su casa, la torre de la catedral, las murallas antiguas de la ciudad, o las escenas de las plazas próximas se convierten en objeto de interés plástico para su obra. Esta situación refleja todo un estudio psicológico de madurez, en el que se van abandonando las posturas idealistas para apreciar el valor de la realidad cotidiana. Es el reconocimiento de un yo existencial más concreto, más material, más próximo, sin dejar de atender a sus más íntimas convicciones y a sus más personales sensaciones y emociones. Si antes se preocupaba de cuestiones sociales y de conceptos filosóficos o morales, ahora atiende a sí mismo, a lo que ve, respira, oye, …, siente cada día, al aliento estético que toma de su entorno y que alimenta su espiritualidad.

Este brusco cambio, respecto a intereses, perspectivas o valores espirituales, se ve refrendado por una nueva manera de desarrollar técnica y materialmente su arte. Se hace más libre en cuanto a la técnica, utilizando predominantemente la técnica mixta, aunque sin abandonar el óleo que sigue presente. En sus obras de técnica mixta aparece el empleo de materiales diversos como el alambre, la madera, el cartón o el papel impreso, como auténticos materiales e instrumentos plásticos. La obra deja de ser estrictamente plana para conformarse en una tercera dimensión que aporta nuevas e interesantes sensaciones plásticas. Obras como Alminar y torre en restauración IV (1993) o Desde Séneca (1995), sirven como ejemplo de ello. El resultado es un novedoso lenguaje en su producción con el que consigue unas interesantes y valiosos efectos que contribuyen a la configuración de unos nuevos valores estéticos en su obra.

Estas obras no pasan desapercibidas ni para los espectadores más insensibles. En ellas confluyen valores propios del pintoresquismo de la zona histórica de la ciudad, con la versatilidad de un nuevo enfoque rupturista que emplea fórmulas técnicas novedosas junto a temáticas tradicionales, produciendo unas propuestas enormemente sugerentes.

Como hemos podido ver, la pintura de Pepe Cañete emerge de sus más íntimos intereses, preocupaciones y emociones. Es, ante todo, una pintura sincera y limpia, en la que podemos apreciar sin dificultad gran parte de la intimidad de su autor. Ya desde sus primeras creaciones, en las que practica y desarrolla las técnicas, el saber hacer material, se van sucediendo los asuntos que le interesan y preocupan. Con el paso del tiempo, su atención va centrándose en otros diversos asuntos en los que siempre se aprecia la proximidad a su propia intimidad. Es difícil encontrar entre su obra algún ejemplo de pintura comercial, o simplemente que responda a una demanda externa a sus propios deseos.

Exposiciones

A pesar de ser un pintor más interesado en su experiencia estética creativa que en cultivar un tipo de pintura más comercial y abierto al exterior, ya en su juventud se inició en las experiencias de las exposiciones. Comenzó en 1977 con una exposición colectiva en la Galería del Banco de Bilbao en Baena. A esta le seguirán cerca de veinte exposiciones colectivas, y cinco individuales, en las que alcanzaría un importante reconocimiento. En enero de 1980 realizó su primera exposición individual en la Diputación Provincial de Córdoba. En ella exhibió veintitrés obras, la mayoría de ellas de su primer periodo artístico. En abril de 1985 realizó su segunda exposición individual en la Sala de Exposiciones “Lozano Sidro” de Priego de Córdoba, organizada por el Ayuntamiento y el Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Las obras que expuso pertenecían a los dos primeros periodos de su creación artística. Una tercera exposición vería la luz en junio de 1988, en la Sala “Bartolomé Bermejo”, en Córdoba, perteneciente al Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. La obra presentada estaba compuesta por dibujos y pinturas de los años 75 a 88, pertenecientes a sus tres primeros periodos, destacando la más reciente Serie Universo. Tras un periodo intenso en la búsqueda de nuevas formas y temas, que se corresponde con su cuarto periodo artístico, realiza su cuarta exposición individual, bajo el título Serie Cairuán en Córdoba, en la Sala Cajasur –Reyes Católicos- en abril-mayo de 1996. A esta le siguió su sexta exposición individual en Baena, en la Sala de Exposiciones “Amigos del Arte de Baena”, en octubre-noviembre del mismo año. En este caso presentando obras de sus dos últimos periodos artísticos, llevando por título El Universo y Cairuán. En todas sus exposiciones, tanto de la crítica como del público, ha recibido una calurosa y sensible acogida, lo que le ha animado en su búsqueda estética.

Su incansable labor artística le ha impulsado a realizar trabajos de cartelería y de ilustración, entre los que destacan varios carteles de la Semana Santa de Baena, diversas portadas de revistas, la última la de Hespérides , y libros: Bajo el Signo de Aries de Soledad Zurera y Mis sencillas poesías de María de los Ángeles Martínez.

Mujer y Paisaje

En los últimos ocho años su trabajo se centra en una nueva serie completamente novedosa y que expone bajo el explícito título de Mujer y Paisaje. La figura femenina se convierte ahora en el único y omnipresente tema plástico. Es una mujer joven, liberada y con una personalidad propia, inmersa en esos múltiples asuntos que componen sus quehaceres diarios: el paseo, la lectura, el ensueño, la coquetería, … Es una mujer que es captada por el pensamiento del artista en momentos cotidianos, alejados de situaciones sociales que le obliguen a posturas forzadas y poco naturales. Aquí, la mujer está en su soledad, en su ensimismamiento o en un diálogo íntimo y reflexivo. Casi siempre está sola, y cuando otras figuras de mujer le acompañan, no aparece la comunicación, simplemente coexisten.

A pesar de la aparente quietud, las imágenes provocan la sensación de movimiento, tal vez creado por el fuerte y profundo contenido expresivo que aportan. La mirada no se ancla en la parada imagen, sino que la acompaña recorriéndola tanto en sus eróticas formas como en sus sugerentes pensamientos. El tiempo, por tanto aparece acompañando unas escenas que, más que instantáneas son secuencias, las cuales, aún se enriquecen más en las pinturas en las que coexisten varias figuras femeninas, como si de una superposición de escenas de se tratara.

Pepe Cañete ha encontrado en esta serie un verdadero hito en su plástica. Tras haber deambulado en su evolución estética por diversos momentos fructuosos en su creación, ahora ha encontrado una plenitud expresiva y temática que, de seguro latía en su más profunda intimidad. La ruptura con todo lo anterior, tanto en tema, como en composición, expresión y técnica. Es una personalísima manera de ejecución: se trata de un verdadero preciosismo en el tratamiento de las líneas, la formas, las manchas, …, siempre acariciando con dulzura la materia plástica buscando lo sutil, lo sugerente, lo íntimo, lo delicado. Acaricia y mima las formas a la vez que lo hace del pensamiento de esas mujeres que pinta. En realidad, se enamora de unos pensamientos femeninos, de unos cuerpos, a los que presta su mente para traerlos a la realidad.

En sus mujeres apreciamos la mirada del hombre; un hombre que busca en sus experiencias, en sus miradas, y en su fantasía, todo aquello que de la mujer le gusta: la mujer ensimismada, la que pasea, la provocadora, … Se interesa, no sólo como espectador y creador de esas mujeres, sino que penetra en sus pensamientos y sensaciones, entendiéndolas y a la vez gozando con su presencia en una relación de empatía.

Si novedosa es la temática de la obra expuesta, no menos lo es la técnica empleada. Siempre preocupado por experimentar ha llegado a un momento técnico en el que parece moverse con mayor libertad expresiva. El empleo de arena para la creación de texturas mediante esgrafiado y la conjunción con los precisos trazos pictóricos y los colores, hacen de esta técnica un interesante modo de obtener efectos y contribuir a la expresión plástica.

Ramón Montes Ruiz

Profesor Titular de Historia del Arte

Universidad de Córdoba

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