Quiero comenzar partiendo de la premisa de que por mucho que queramos analizar la obra de un artista en profundidad, jamás lo estudiaremos al completo. En el análisis escapan detalles porque siempre interviene el gran hándicap de la “sorpresa”.

En el trascurso del análisis o estudio nunca se cumplen las líneas programadas al principio porque la “sorpresa” atrae tu atención hacia otro matiz y otro y otro… confluyendo ante nosotros no sólo la obra sino el autor, que es único.

Pienso que si se es capaz de “fascinarnos” cada vez que observamos su obra, si es capaz de instalar la “catarsis” no sólo en el ojo sino en el pensamiento del espectador, admirador –en definición académica- entonces podemos decir que preconiza su propio yo e interior y hace fluir su exterior hacia la mirada perceptiva del que observa.

Creo que no hay vías únicas que establezcan parámetros a analizar ni tampoco encasillamientos aleatorios y subjetivos ante la obra de un artista.

Se puede creer en un momento, en un nivel preconcebido de status psíquico pero siempre perteneciente al autor y, por lo tanto, único. En este carácter personal radica el evolucionismo con el tiempo en el que vives por lo tanto, tus etapas no se encuentran “artísticamente” sino intrínsecas y perseguidas por lo personal.

Tu obra no es la representación de un momento social, de una época, sino la de Pepe Cañete en esa época, en ese momento vivencial y ambiental en la que surge.

Por ello creo que sólo hay que mirar e interiorizar tu obra desde nuestros ojos individuales y no colectivos, así encontraremos el verdadero ser de tu pintura.

Existe en tus mujeres una interdefinición representativa (simbólica) de la existencia. Utilizar a la mujer indefinida e infinita la hace formar parte de una colectividad pero individual. Tus mujeres se alejan de la uniformidad buscando la experimentación de la técnica por medio de diversos registros y variantes aunque sin perder el horizonte de la soledad, de la domesticidad de lo cotidiano sin forzar situaciones, mujeres simples, anodinas, íntimas, sugerentes, delicadas…. Cualquier mujer, cualquiera de ellas. No me sugieren ningún interrogante, son tal y como son, sin más “trompe l’oeil”.

En muchos de estos cuadros veo tristeza constante, austera pero a la vez huidiza. Sus colores fríos, perpetuos y a la vez a punto de escapar encuentran su dimensión y colorido real fuera del lienzo.

Te podría puntualizar una reseña de análisis desde el punto de vista semiótico hablando de la distribución vertical de algunos cuadros, diría que incluso en cascada o bien, utilizando el lenguaje teatral, plano paradigmático, y/o el lenguaje cinematográfico, un plano cerca del “picado” como por ejemplo: Mujer en el cuarto de baño, el 2º y 3º de La Lucha, Tumbada en la naturaleza, etc.

Desde mi mirada sencilla podría decirte que los que más me gustan son: Madre tierra, Mujer tendida en el suelo, Mujeres en la playa, Mujer del collar, Serie Expresiones en espacios libres, Figuras tumbadas en el mar I, II. Estos me llenan mucho, me aportan sensaciones de profundidad y renovación. Me invitan a indagar más allá de ellos y con ellos, eso es para mí la “sorpresa”, cada vez que los miro me inventan nuevas dimensiones a descubrir.

Gracias por compartir sus originales con nosotros, M. José.

Pizarra 13 de marzo de 2012

Comentario de M. José Nocete López

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